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Santiago de Cuba, la capital de los «mafuqueros» y el ron artesanal de bajo costo

Los santiagueros tienen fama de bebedores. De hecho, dicen en Cuba que cuando nace un niño en Santiago lo primero que hacen los padres es mojarle el tete en ron. Seguramente se trata de una exageración, pero da la idea de la cantidad de bebidas alcohólicas que se consumen en la ciudad.

En Santiago de Cuba los bares están siempre atestados de clientes. Se toma de todo, desde los finos Havana Club y Ron Santiago, pasando por los más económicos Bartolomé de la Isla, Don Diego, Castillo y Refino, hasta el “mafuco”, un ron inventado en el reparto Nueva Vista Alegre que sólo pueden tragarse los santiagueros, pues a cualquier otro habitante de la Isla le parecería un brebaje infernal, apestoso y con sabor a keroseno.

Aunque el mafuco semeja más un insecticida que un ron cada vez es más consumido por los santiagueros, afirma Mary, quien tiene un alambique clandestino en Nuevo Vista Alegre: “Si no tuviera tanta venta, quizás ya hubiera dejado el negocito. Pero el lío es que el santiaguero es alcohólico pal diablo y desde que yo me levanto estoy vendiendo hasta que me acuesto”.

Mary cuida mucho su negocio. Sabe que lo que hace es ilegal y lo que vende no es saludable, por lo que es cuidadosa con lo que hace y no permite que se tomen fotografías. Sin embargo, no tiene reparos en explicar cómo se fabrica el mafuco.

Aunque el mafuco semeja más un insecticida que un ron cada vez es más consumido por los santiagueros,

Los dueños de alambiques ilegales compran el alcohol de madera que hurtan de las empresas estatales del comercio o a los fumigadores que lo utilizan para flamear y limpiar los focos de Aedes aegypti. Luego le quitan el olor a keroseno, lo mezclan con huevo batido para cortarlo y lo ponen a reposar por un tiempo. Se pasa por el alambique y ya está listo el mafuco.

“Eso es como el sirope de refresco sin diluir, un extracto. Lo preparo con mi formulita, le echo limón, naranja, una caneca del alcohol preparado, un pepino de agua, y de ahí sale el famoso mafuco”, dice Mary.

El mafuco es tan malo que se vende por canecas o pomitos plásticos, tomarse una botella de semejante brebaje podría ser demasiado para un ser humano. La caneca se vende a cinco pesos y el trago a peso. El mafuco es la bebida de los pobres y los alcohólicos como reconoce Mary:

“Como al final todos los que compran son alcohólicos y casi nunca tienen dinero para una botella, yo les tengo marcado las canequitas por trago para no pasar trabajo. Al final ellos son mi público”.

Interrogada sobre si en su casa se consume el mafuco que fabrica, Mary se espanta: «Dios me libre niño, eso es matarrata…»

El mafuco es tan malo que se vende por canecas o pomitos plásticos

El alcoholismo es uno de los males principales problemas sociales que golpea a Santiago de Cuba. En la oriental urbe a los borrachos que merodean por doquier se les conoce como “mafuqueros” por su adicción al mafuco, un ron artesanal de muy bajo costo que les permite solventar su vicio.

Desde por la mañana merodean los puntos de venta ilegales donde se expende la bebida y se pasan el día tomando, tirados en cualquier esquina de la ciudad.

“Los mafuqueros no comen nada durante el día, a veces nosotros los vecinos somos quienes les damos algo para que le echen al tanque. Es normal que se desmayen ahí mismo en la calle o que les den hipoglicemias. Muchos ya han muerto por cirrosis hepática o porque en sus borracheras no han visto venir las rastras que pasan por el medio de la avenida y los han arrollado”, cuenta Angelina, una santiaguera que toma el fresco sentada frente a su casa del reparto Nueva Vista Alegre.

En la oriental urbe a los borrachos que merodean por doquier se les conoce como “mafuqueros”

Para poder pagar sus canecas de mafuco, los alcohólicos rebuscan materias primas entre las inmundicias del vertedero municipal y la venden para ganar unos pesos. Todo el dinero que consiguen es para el mafuco, nada para comer. Comer es sólo una necesidad secundaria en la que compiten con perros y gatos callejeros.

A los mafuqueros nadie los conoce por su nombre. Todos tienen algún apodo que los ha hecho famosos entre los vecinos de los barrios de Santiago de Cuba.

Wisin y Yandel eran dos mafuqueros célebres, hermanos por demás, que siempre andaban juntos bebiendo en cualquier esquina; hasta que un mal día Yandel amaneció muerto.

Dicen los que lo encontraron rígido y con la boca abierta junto a un latón de basura que seguro sufrió un coma etílico que no pudo rebasar. Wisin se quedó solo.

Pero no ha dejado de beber, ni comenzado a comer. Su vida es el mafuco y vive pendiente de las sobras que botan a la calle para no tener que gastar los pocos pesos que tiene en comida.

A los mafuqueros es normal verlos tirados por los parques

Así, cuando se encuentra en la basura unas cabezas de pescado semipodridas las echa en una jabita de nailon para poder prepararse una “…sopita sabrosa”.

“Los mafuqueros son como un sindicato” – afirma Mary, quien se dedica a la venta de mafuco – siempre andan en grupos y se reúnen debajo de los árboles para compartir sus borracheras.

El único que anda solo es el “Come almendras” que a diferencia de los demás sí se alimenta. Come almendras y mangos solamente, pero al menos come algo.

Aunque la mayoría de los mafuqueros son pacíficos y van a lo suyo, algunos como El Ballena son un peligro real para el propio sindicato de mafuqueros y los transeúntes que les pasan cerca.

El Ballena es un mafuquero conflictivo. En estado sobrio es tranquilo y respetuoso, pero cuando bebe se transforma en una bestia agresiva que no tiene paz con nadie.

Una bestia peligrosa, pues El Ballena fue boxeador y puede derribar de un golpe a cualquier oponente.

Siempre andan en grupos y se reúnen debajo de los árboles para compartir sus borracheras.

“A mí me decían la pantera negra – dice mientras enseña las chequeras que cobra mensualmente – Fui primero amateur y después me fui a boxear al profesionalismo en México”.

El único que le planta cara a El Ballena es Tamayito. Él también fue boxeador, e incluso integró una escuadra nacional cuando tenía 16 años. En 1987 salió a un evento en Hungría y al ver que perdía un combate proyectó al contrario contra el suelo y le cayó a patadas. De inmediato fue separado del boxeo organizado y sancionado de por vida. Sin el boxeo su existencia dejó de tener sentido y se dedicó a beber y beber hasta que se convirtió en alcohólico.

Tamayito come por la caridad de los santiagueros. A veces alguno le regala un pan con tortilla o un plato de arroz con frijoles, pero pueden pasar varios días sin echarle algo al estómago.

Para sobrevivir rebusca en la basura y vende lo que considera que puede tener aún algún valor de uso, como la muñeca vieja que remienda cuidadosamente para ver si le saca unos pesos con los que comprar otra caneca de mafuco.

No es que le guste mucho el mafuco, preferiría otros rones… pero no puede comprarlo.

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