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Fidel Castro y su sueño desastroso de llenar todos los campos de la isla de pangola asegurando que en Cuba «sobraría el arroz, la carne y la leche»

Aunque parezca un chiste, este otro ‘plan’ acabó con muchas plantaciones frutales. A Fidel Castro se le ocurrió llenar el país de esta hierba para alimentar a un ganado que nunca vimos.

En sus últimos momentos, se puso a cultivar moringa, otra planta con muchos beneficios para la salud, pero que él quería imponerle al pueblo por encima de los gustos, la tradición y el paladar del cubano. La historia de la pangola comenzó en octubre de 1967.

Para ello, creó algo tétrico llamado Brigada Invasora Che Guevara, que se encargaría de desbrozar miles de caballerías de tierra para sembrar pangola, arroz y caña. Por esos días, Castro anunció en la TV que sobraría el arroz, la carne y la leche y que Cuba exportaría alimentos.

La pangola es una hierba forrajera perenne originaria de Sudáfrica. Se cultiva para pastoreo de ganado en América, siendo apreciada por su resistencia a la sequía, su versatilidad en cuanto a los suelos y su rápido crecimiento. Pero su siembra no puede desplazar otros cultivos.

Cientos de militares, a bordo de equipos con bolas de hierro macizo de demolición, comenzaron la mayor deforestación jamás conocida en la isla caribeña. Se compraron 700 camiones de volteo Berliet en Francia e Italia a través de la FIAT.

Además, 800 equipos de movimiento de tierra, que incluían buldóceres, motoniveladoras, compactadoras, retrocargadoras, barrenadoras verticales y otros, a un costo de 500 millones de dólares. Las labores comenzaron en la zona oriental del país, que tenía el grueso de la caña

Se destruyeron árboles de maderas preciosas y frutales enteros, que hasta entonces suministraban no menos de 15 000 toneladas de frutas procedentes de campesinos cubanos, que se exportaban o eran para consumo del pueblo. Cuando llegaron a La Habana, el desastre no paró.

Una zona muy afectada fue Tapaste, en las afueras, donde se cultivaban muchas frutas, incluido el mamey. Por su cercanía a La Habana, y por la fertilidad de sus tierras, se había convertido en un espacio de cultivo por excelencia.

De todas aquellas maravillas de Tapaste, la producción frutal era la más famosa: mameyes, anones, guanábanas, aguacates, piñas, papayas, zapotes, mangos, plátanos, guayabas, melones, limones, mandarinas, granadas, naranjas, mamoncillos. Y todo se destruyó por órdenes de Castro.

Un buen día, llegó la orden: había que tumbar el mameyal para sembrar pangola. Los árboles de mamey son gigantescos y tardan unos 20 años desde que se siembra la semilla hasta que dan los primeros frutos. Al final, como no se sembró nada, el espacio lo ganó el marabú.

En solo dos años, desaparecieron 215 000 hectáreas de frutales, frondosos bosques, montes y tierras ya en cultivo. En 2007, 40 años después, se publicó un estudio del Ministerio de la Agricultura al respecto.

Se tituló «Salinidad y uso de aguas salinas para la irrigación de cultivos y forrajes en Cuba», donde se explica que una de las mayores causas de la actual salinidad de los suelos es la deforestación de tierras y la pérdida de vegetación por la tala indiscriminada de árboles.

Todo esto es mucho más serio. Eso ha cambiado el régimen de lluvias y las sequías son más intensas. Hay ya más de un millón de hectáreas de suelos salinizados y otro millón de tierras cultivables pueden salinizarse en el futuro. ¿Quién es el culpable? ¿La pangola? Claro que no.

Luego de la invasión desbrozadora, Cuba no produjo más arroz, sino menos. Pasó de 4to. productor latinoamericano, en 1958, a la cola de los países arroceros del continente. A partir de 1967, tuvo que aumentar las importaciones de arroz y de alimentos en general.

Texto en colaboración con @CubaOrtografia

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