Cuba vive una de las peores crisis de salud de los últimos tiempos. En los hospitales ya no caben los enfermos, los médicos están agotados y la gente anda con miedo a cualquier síntoma raro. Mientras tanto, el régimen, en su eterna negación de la realidad, asegura que “todo está bajo control”. Pero en la calle, en los consultorios y en las redes, la historia es otra.
Los galenos de la isla reconocen que no hay recursos, no hay medicinas y mucho menos respuestas. En los últimos meses, los cubanos han comenzado a padecer una misteriosa enfermedad que los especialistas aún no logran identificar. Los pacientes llegan con dolores que los doblan, con fiebre, debilidad extrema y una sensación general de estar cayendo en picada.
Los síntomas se parecen mucho a los de los llamados “arbovirus”, esas infecciones transmitidas por mosquitos, garrapatas o arañas. Empiezan con picazón en la piel y terminan en erupciones, llagas visibles y dolores musculares tan fuertes que paralizan. A eso se suman temblores, malestar general y una fiebre que no cede. Muchos terminan en cama sin poder moverse, y lo peor es que los médicos no saben exactamente qué enfrentan.
Los primeros casos aparecieron en julio. Al principio pensaron que se trataba de dengue o chikungunya, esas enfermedades tropicales que los cubanos ya conocen bien. Pero pronto se dieron cuenta de que no encajaba del todo. Aun así, el tratamiento que se aplica es el del chikungunya, porque no hay otra alternativa ni herramientas para investigar más.
El régimen, como siempre, minimiza la situación. Dice que el brote está “controlado”, aunque los médicos de verdad —los que están en el terreno, no los que repiten consignas— advierten que la cosa podría desbordarse en cualquier momento. Algunos incluso creen que ya se trata de una pandemia silenciosa dentro de la isla.
Una de esas voces críticas es la doctora Perla María Trujillo Pedroz, del Policlínico Manuel Piti Fajardo en Villa Clara. En su muro de Facebook confesó que también está enferma y que ha usado su propio cuerpo como experimento para entender qué está pasando. “Una gran parte de nuestra población está enferma”, escribió con frustración. Y no es para menos.
Trujillo asegura que el Sistema Nacional de Salud está colapsado, que no hay saneamiento ambiental, ni medios diagnósticos, ni medicinas suficientes. “Por eso nadie cree en las cifras oficiales”, lamenta. En su opinión, el régimen ha dejado que la situación se les vaya de las manos, mientras sigue mintiendo para evitar admitir otro fracaso monumental.
La doctora menciona un medicamento llamado Juzvinza, presentado como una supuesta “alternativa” para algunos casos crónicos. Pero deja claro que solo estará disponible para unos pocos pacientes seleccionados, lo que significa que el resto tendrá que seguir enfrentando la enfermedad con lo poco que encuentre en farmacias vacías o en el mercado negro.
El portal independiente 14ymedio recogió el testimonio de Juan Carlos, un habanero que pasó por el infierno de esta misteriosa infección. “Primero fue un dolor muscular leve, después vino la fiebre y los temblores. Cuando amanecí, tenía el cuerpo lleno de ronchas y la cara despellejada. No podía ni moverme”, contó. Por suerte, su novia lo cuidó, pero asegura que pensó en toda esa gente sola que no tiene ni quién le dé un vaso de agua.
Juan Carlos dice que La Habana parece un hospital al aire libre. En cada esquina hay alguien con los ojos rojos, hinchados o caminando como un zombie. Muchos negocios han cerrado porque los trabajadores también cayeron enfermos. “Esto parece una película de terror, pero real”, resume.
Y mientras el pueblo sufre, el Gobierno se limita a repetir el mismo cuento de siempre: que todo está bajo control. Lo cierto es que, en una Cuba sin medicinas, sin saneamiento y sin respuestas, cualquier brote, conocido o no, puede convertirse en tragedia.
Porque si algo ha dejado claro esta crisis, es que el régimen no solo perdió el control de la economía y la libertad del país, sino también el de la salud del pueblo.







