La historia que está denunciando una madre cubana vuelve a poner el foco en una herida abierta que muchos prefieren no mirar: la impunidad dentro del Servicio Militar Obligatorio. Su hijo, un joven recluta, recibió un disparo dentro de una unidad militar mientras cumplía con el SMO. Hoy, irónicamente, es él quien está detenido esperando juicio, mientras el oficial que apretó el gatillo sigue libre y haciendo vida normal.
El caso fue recogido en un reportaje de CubaNet y tiene nombre y apellido. Yarenni Domínguez Caldevilla es la madre de Deiby Díaz-Pimienta Domínguez, un muchacho de apenas 19 años que fue baleado el 20 de septiembre de 2025 en la Unidad Militar 4600, en El Ocho de La Coloma, Pinar del Río. Desde entonces, su vida y la de su familia se convirtieron en una pesadilla.
Según cuenta la madre, todo ocurrió de madrugada, tras una discusión entre su hijo y un teniente identificado como Ernesto. Yarenni niega rotundamente la versión oficial que intenta pintar a Deiby como un agresor que atacó al oficial mientras dormía. Para ella, esa historia no se sostiene.
Lo que sí sostiene es que la discusión fue subiendo de tono hasta convertirse en una pelea, iniciada —según su testimonio— por el propio oficial, que comenzó a golpear al joven. Luego de separarlos, el teniente bajó al puesto de guardia, exigió acceso al arsenal y tomó un fusil AKM. No fue un impulso, dice la madre, fue una decisión consciente.
Ella lo explica sin rodeos: el oficial subió con el arma cargada, sin salvas, buscando a su hijo. Para Yarenni, eso tiene un nombre claro: intento de asesinato con premeditación. El teniente entró armado a la compañía donde dormían otros reclutas, los apuntó y finalmente disparó contra Deiby a menos de un metro de distancia, impactándolo en el muslo derecho.
Lo que vino después fue otra odisea. El joven herido fue trasladado a pie a un puesto médico donde no había doctor. La enfermera, según relata la madre, no sabía qué hacer y ni siquiera le colocaron un torniquete. Más tarde lo llevaron al Hospital Abel Santamaría, tirado en el piso de una ambulancia, en condiciones que dan escalofríos.
Deiby estuvo allí dos días antes de ser trasladado al Hospital Militar, donde pasó casi dos meses ingresado. Un médico fue claro con la familia: la bala pasó a solo un milímetro de la arteria femoral. Si se hubiera desangrado, hoy estarían hablando de otra cosa.
Pero la historia se vuelve aún más oscura. Durante el ingreso, la madre asegura haber recibido comentarios aterradores de un alto mando militar. Según denunció, un mayor le dijo sin pudor que el teniente había hecho bien en disparar y que él, en su lugar, lo habría matado.
Cuando finalmente el joven fue dado de alta y regresó a casa, la familia pensó que lo peor había pasado. Pero semanas después, una llamada oficial lo citó para regresar al Hospital Militar. Al llegar, fue esposado y trasladado a una unidad de Prevención militar. Engañado. Sin explicaciones. Sin respuestas.
Hoy, Deiby permanece detenido en Pinar del Río, acusado de desobediencia y violencia contra un superior. Su juicio podría tardar meses. Mientras tanto, el teniente que disparó sigue libre, trabajando y durmiendo en su casa como si nada hubiera ocurrido.
La madre no se cansa de repetirlo: la ley debería ser igual para todos. Y aprovecha para lanzar un llamado urgente a otras madres cubanas. Denuncia abusos sistemáticos, maltratos, suicidios y muertes “accidentales” dentro del Servicio Militar. Su mensaje es claro y doloroso: que ninguna otra tenga que vivir lo que ella está viviendo ahora.







