La Habana entre basura y apagones: así se vive hoy en la capital

Redacción

La Habana ya no solo vive entre apagones y escasez: ahora también se hunde, literalmente, bajo montañas de basura. La falta de combustible para los camiones recolectores ha convertido calles y aceras en vertederos improvisados, agravando una crisis sanitaria que se siente en cada barrio. Lo que antes era una molestia puntual hoy es parte del paisaje diario, según relatan vecinos y recogen reportes recientes.

En zonas como Centro Habana, la escena es difícil de ignorar. Los desechos desbordan los contenedores, invaden las aceras y llegan hasta media calle. El olor es constante, los gusanos aparecen sin pedir permiso y las casas, muchas con puertas y ventanas abiertas por el calor, terminan tragándose el hedor como si fuera parte del aire.

Javier, un habanero de 55 años, lo resume con resignación y molestia: nadie se ocupa de nada y cada día está peor. La explicación oficial se repite como un mantra: no hay gasolina. Y mientras tanto, la basura sigue creciendo, igual que la impotencia de quienes viven rodeados de ella.

Lo más indignante para muchos es que hace apenas unos meses el Gobierno anunció una gran cruzada contra la suciedad. Se habló de un “antes y un después”, se publicaron fotos, incluso se mostró al presidente recogiendo basura en plena calle. Pero el supuesto cambio duró menos que la promesa.

Hoy, los microvertederos aparecen en casi cada esquina. Camiones rotos, falta de combustible y una logística inexistente han hecho que la basura gane terreno. Todo esto se ha visto agravado por el fin del suministro de combustible desde Venezuela, dejando a la capital prácticamente paralizada.

El miedo también juega su papel. Muchos vecinos prefieren callar. Una mujer que vive frente a un enorme cúmulo de desperdicios confesó que si dijera lo que realmente piensa, terminaría presa. Así, el silencio se convierte en otro componente más de la crisis.

Desde espacios como la parroquia del sacerdote español Alberto Sola, las quejas han sido constantes ante todas las instancias posibles. La respuesta siempre es la misma: no hay camiones, no hay combustible. Él lo dice sin rodeos: este nivel de suciedad no se ve en ninguna casa del Partido.

La acumulación de basura no ocurre en un vacío. Forma parte del deterioro general del país. Cuba ha perdido alrededor del 15 % de su producto interno bruto en seis años, mientras la inflación, la migración masiva y apagones de más de 20 horas se han normalizado.

El problema ya no es solo estético. Es una amenaza directa a la salud. Los vertederos desbordados se convierten en criaderos perfectos para mosquitos transmisores de dengue y chikungunya, enfermedades que golpean con fuerza a la población.

En 2025, el propio país reconoció una epidemia, aunque luego dejó de publicar cifras. Datos de la OPS hablan de más de 81 mil contagios y 65 fallecidos, muchos de ellos niños. Estrella Ramos, vecina de la capital, lo dice claro: hay niños y ancianos enfermos por toda la cochinada acumulada.

Ante la falta de recursos, el Estado ha llegado a usar presos con condenas menores para recoger basura, sin protección ni herramientas adecuadas. Aun así, el primer ministro admitió que tras meses de campaña, los resultados no se ven.

Periodistas que han regresado a la Isla tras años fuera describen el mismo panorama: pobreza extrema, oscuridad, basura por doquier y una ciudad que parece abandonada. Las redes sociales confirman ese retrato con videos de calles inundadas de aguas albañales, edificios en ruinas y vecinos obligados a caminar entre desechos.

Para muchos habaneros, la basura ya no es algo pasajero. Es el síntoma más visible de un colapso que huele mal y no se puede esconder.

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