Régimen volvió a organizar actos militares durante todo el pasado fin de semana en medio de apagones que se extendieron por más de 12 horas

Redacción

Mientras millones de cubanos pasan noches enteras sin electricidad, sudando el calor, cuidando la poca comida que queda y tratando de que los niños puedan dormir, la televisión estatal insiste en otro guion. Cada fin de semana repite imágenes de maniobras militares, explosiones “controladas” y tropas entrenándose como si el país estuviera al borde de una guerra… y no de un colapso social.

El más reciente reporte del Canal Caribe confirmó la fase final de una competencia de preparación combativa y política entre las regiones militares de Mayabeque y Artemisa. Tiro práctico, artillería terrestre, inteligencia militar, drones y voladuras de cargas explosivas, todo bajo el pretexto de un supuesto escenario de “presión y agresividad” de Estados Unidos contra Cuba. La épica de siempre, desconectada de la realidad.

El ejercicio estuvo encabezado por el jefe del Ejército Occidental, el general de división Ernest Feijóo Eiro, como parte de las actividades por el Día Nacional de la Defensa. Según el discurso oficial, el objetivo era elevar la cohesión y la preparación de oficiales y soldados ante “diferentes escenarios”. Las imágenes, sin embargo, chocan de frente con la vida diaria en los barrios, donde la gente no se prepara para combatir, sino para sobrevivir.

Ese mismo fin de semana, la Empresa Eléctrica de La Habana advertía que podían imponerse apagones sin horario fijo por la llamada “contingencia energética”. El déficit de generación superó los 1.900 megawatts en el horario pico, mientras decenas de unidades termoeléctricas seguían fuera de servicio por roturas o mantenimientos eternos.

En provincias como Santiago de Cuba, la crisis dejó de ser una cifra técnica. En el reparto Altamira, vecinos denunciaron más de tres días seguidos sin corriente. Una madre con un bebé de apenas cuatro meses resumió el drama sin adornos: calor insoportable, alimentos echados a perder y ninguna respuesta concreta de las autoridades. “No se puede vivir así”, dijo. Y tenía razón.

Todo ocurre en medio de un aislamiento energético cada vez más evidente. Imágenes del sistema de monitoreo marítimo VesselFinder muestran a Cuba prácticamente fuera de las rutas petroleras del Caribe, rodeada de tanqueros que van rumbo a otros países mientras la Isla queda mirando. Análisis citados por el Financial Times estiman que las reservas apenas alcanzan para entre 15 y 20 días, si no hay nuevos suministros.

La presión aumentó tras la orden ejecutiva firmada por Donald Trump, que impone aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. El presidente estadounidense fue directo: no tiene por qué existir una crisis humanitaria si el régimen decide cambiar. “Podrían venir a nosotros y haríamos un trato”, afirmó, dejando claro que la salida pasa por decisiones políticas, no por consignas.

Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel respondió con el libreto conocido. Habló de “asfixia total”, acusó a Washington y aseguró que el régimen se prepara para resistir incluso si la situación empeora. Resistir qué y para quién, se preguntan muchos cubanos que llevan semanas sin luz, sin transporte y con hospitales al límite.

La narrativa oficial insiste en la defensa, la disciplina y la unidad, mientras el país se apaga poco a poco. Apagones de más de 20 horas, transporte paralizado, familias exhaustas y un futuro cada vez más incierto.

Para muchos, la pregunta ya no es contra quién se entrena el ejército. La pregunta es por qué el régimen sigue priorizando el músculo militar cuando la vida cotidiana, literalmente, se queda a oscuras.

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