Trump dice que Cuba es una «nación fallida» y asegura que su gobierno podría alcanzar un acuerdo con el régimen de La Habana

Redacción

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a lanzar un mensaje directo contra el régimen cubano al calificar a la isla como una “nación fallida”, una etiqueta que resume, sin rodeos, el desastre económico y político que vive el país. Las declaraciones fueron hechas este domingo desde Mar-a-Lago, en Florida, y no pasaron desapercibidas en medio del creciente pulso entre Washington y La Habana.

El pronunciamiento fue difundido en la red social X por Rapid Response 47, una cuenta vinculada oficialmente a la Casa Blanca, lo que confirma que no se trató de una improvisación, sino de un mensaje calculado. Según Trump, Cuba lleva años hundida, pero la situación actual es todavía más grave tras perder el respaldo energético y financiero de Venezuela.

El mandatario habló al llegar a Mar-a-Lago para asistir a la boda de Dan Scavino, exmiembro de su gabinete en el primer mandato, y aprovechó el contacto con la prensa para dejar claro que su administración no ignora el drama humano asociado al régimen cubano. Trump dijo que uno de sus objetivos es atender la situación de personas que viven en Estados Unidos y que, según afirmó, “fueron tratadas horriblemente por Cuba”, en referencia a ciudadanos con lazos familiares en la isla que llevan años sin poder reencontrarse con los suyos.

Las declaraciones llegan en un momento de endurecimiento sostenido de la política estadounidense hacia La Habana, marcado por nuevas sanciones y por una crisis económica y energética que ha llevado al país al borde del colapso. Apagones masivos, escasez de combustible y servicios básicos en ruinas forman hoy parte del paisaje cotidiano.

En los últimos días, Trump también reconoció que su gobierno ha iniciado contactos exploratorios con Cuba, una señal que contrasta con la presión simultánea ejercida mediante sanciones. Hasta ahora, la Casa Blanca no ha negado esos intercambios, mientras que el régimen cubano ha optado por el silencio, una reacción poco habitual cuando se trata de culpar a Estados Unidos de todos sus males.

El telón de fondo inmediato es una crisis energética sin precedentes, agravada por una orden ejecutiva firmada por Trump para cortar el suministro de petróleo a la isla mediante sanciones a terceros países. La medida coincidió con la suspensión de envíos desde México y con el desplome definitivo del apoyo venezolano, provocando apagones más largos y el colapso de sectores clave.

Desde Washington, la presión se presenta como una herramienta para forzar cambios políticos reales. Desde La Habana, el discurso oficial vuelve a refugiarse en la narrativa del “cerco energético” y en el rechazo a cualquier diálogo que no sea bajo sus propias reglas. Mientras tanto, la realidad es terca: Cuba sigue apagada, empobrecida y gobernada por un régimen que Trump no duda en llamar por su nombre: fallido.

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