A esta hora, 7 de cada 10 hogares en Cuba están en apagón por el déficit de generación récord más alto reportado en años

Según reconoció la propia Unión Eléctrica en su reporte oficial del 14 de mayo, el colapso comenzó a las 6:09 de la mañana, apenas unas horas después de que saliera de servicio la termoeléctrica Antonio Guiteras, la principal generadora individual del país. La avería ocurrió a las 4:58 AM por un nuevo salidero en la caldera, la novena rotura que sufre esa planta solamente en lo que va de 2026. Un verdadero símbolo del desastre y la improvisación que arrastran las estructuras del régimen desde hace años.

Los números publicados por las autoridades son demoledores. A las 6:30 de la mañana, el SEN apenas contaba con 636 MW disponibles frente a una demanda de 2,420 MW. En otras palabras, el 74 % de la demanda eléctrica nacional quedó sin cubrir, una cifra brutal que explica por qué miles de cubanos amanecieron otra vez entre apagones, calor y desesperación.

Y lo peor estaba por venir. Para el horario pico nocturno, el pronóstico oficial pinta un escenario casi apocalíptico: apenas 976 MW disponibles frente a una demanda de 3,150 MW, con un déficit estimado de 2,204 MW. Traducido al lenguaje de la calle: apagones de hasta 20 y 22 horas diarias, especialmente en el oriente cubano, donde ya hay provincias prácticamente paralizadas y familias enteras sobreviviendo entre velas, mosquitos y comida echándose a perder.

El desastre supera incluso el récord negativo reportado apenas la noche anterior, cuando el déficit alcanzó 2,153 MW. Y antes de eso, el “récord histórico” había sido de 2,075 MW el pasado 6 de marzo. En Cuba, cada semana parece peor que la anterior. El régimen ya ni siquiera logra maquillar el derrumbe.

En La Habana, la situación tampoco dio tregua. El miércoles hubo interrupciones eléctricas durante prácticamente las 24 horas, con afectaciones máximas de 499 MW. Incluso los circuitos considerados “de emergencia” quedaron sin horario claro de restablecimiento, una señal de que el sistema está completamente fuera de control.

Mientras tanto, varias provincias tuvieron que reconectarse poco a poco mediante microsistemas aislados. Ciego de Ávila logró enlazarse nuevamente al SEN a las 8:16 de la mañana, Camagüey a las 9:19 y Las Tunas cerca de las 9:50. El resto del país seguía funcionando a pedazos, como un rompecabezas roto sostenido con alambre y parches.

El director de Guiteras, Román Pérez Castañeda, explicó que la planta sufrió una “pérdida de agua en caldera” que impedía continuar generando energía de forma segura. La reparación, según dijo, tardará entre tres y cuatro días. Pero los cubanos ya conocen ese libreto: promesas, remiendos temporales y nuevas averías pocos días después.

De hecho, la misma falla ya había obligado a detener la planta el pasado 5 de mayo. Apenas el día 9 había sido sincronizada nuevamente al sistema tras casi 90 horas fuera de servicio y cerca de 300 acciones correctivas. Mucho parche, poca solución real.

El problema de fondo es mucho más grave y el propio gobierno terminó admitiéndolo. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció públicamente que Cuba se quedó sin combustible. “No tenemos absolutamente nada de fuel ni diésel”, confesó el funcionario, calificando la situación como “aguda, crítica y extremadamente tensa”. Una declaración que confirma lo que millones de cubanos llevan meses sufriendo en carne propia.

La crisis explotó después de que Venezuela suspendiera sus envíos de petróleo desde noviembre de 2025 y México redujera drásticamente los suministros en enero de 2026. Resultado: Cuba pasó casi cuatro meses sin recibir barcos de combustible, dejando al país completamente contra la pared.

Ni siquiera la ayuda de Rusia logró cambiar el panorama. Una donación de 100 mil toneladas de crudo llegada el 31 de marzo se agotó en cuestión de semanas. Ahora todas las esperanzas del régimen parecen estar puestas en un segundo buque ruso cargado con 270 mil barriles de diésel, que supuestamente se encontraba a unos 1,600 kilómetros de Cuba y podría arribar el 16 de mayo. Pero ni eso está confirmado todavía.

Mientras tanto, la termoeléctrica Guiteras sigue funcionando como un paciente conectado a respirador artificial. La planta lleva más de 15 años sin recibir un mantenimiento capital serio. El último fue en 2010. Según admitió Pérez Castañeda, la central necesitaría al menos seis meses completamente detenida para una reparación profunda, algo que el gobierno simplemente no puede permitirse porque el sistema colapsaría aún más rápido.