La crisis energética en Cuba llegó a un punto tan absurdo que el propio régimen terminó abriendo la puerta a algo que hace apenas unos años parecía imposible: gas licuado importado desde Estados Unidos y vendido en dólares dentro de la Isla.
Sí, mientras el discurso oficial sigue hablando del “bloqueo” y de la resistencia revolucionaria, plataformas como Katapulk y Supermarket23 comenzaron a comercializar las famosas “balitas” de gas de 10 kilogramos por 29 dólares, con entregas disponibles en La Habana.
La movida ha dejado a muchos cubanos entre la indignación y la ironía. Porque al final, el mismo sistema que no puede garantizar el suministro estatal terminó creando un mercado donde cocinar depende de tener divisas.
El mecanismo funciona como intercambio: el cliente recibe un cilindro lleno y entrega uno vacío en buen estado. Todo bien empaquetado, sellado y sin instalación incluida. Nada improvisado. Negocio limpio… pero solo para quien pueda pagarlo.
Detrás de esta operación están mipymes cubanas que importan gas licuado desde Estados Unidos utilizando licencias autorizadas por Washington. Después, las ventas se canalizan mediante plataformas digitales enfocadas sobre todo en cubanos emigrados que pagan desde el exterior para ayudar a sus familias.
Y ahí está una de las grandes contradicciones de la Cuba actual: el régimen sataniza al mercado y al capitalismo en los discursos, pero cada vez depende más de ambos para sobrevivir.
Mientras CUPET se hunde entre deudas, falta de combustible y colapso logístico, el sector privado encontró una mina de oro en medio de la desesperación popular.
El auge de estas ventas ocurre justo cuando el abastecimiento estatal de gas atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. Apenas en enero de 2026, el tanquero Emilia tuvo que regresar vacío porque el gobierno cubano no pudo pagar el cargamento.
Desde entonces, el desabastecimiento explotó en varias provincias y miles de familias quedaron cocinando con carbón, leña o inventando como pueden en medio de apagones interminables.
Ahora aparece la “solución”: gas en dólares.
La cifra también retrata el desastre económico del país. Una balita cuesta actualmente el equivalente a más de 15 mil pesos cubanos según el mercado informal. Para la mayoría de trabajadores y jubilados, eso es simplemente imposible.
En otras palabras, cocinar dejó de ser un servicio básico y se convirtió en un privilegio reservado para quien recibe remesas o tiene acceso a moneda fuerte.
Y así se sigue partiendo Cuba en dos.
Por un lado, una población atrapada en salarios de miseria, apagones y escasez. Por el otro, un circuito dolarizado donde todo aparece… siempre que pagues en divisas.
Primero fue la gasolina en dólares. Después llegaron las tiendas exclusivas. Ahora el gas licuado. Poco a poco, el régimen va desmontando su propio discurso mientras obliga a la gente a sobrevivir dentro de una economía cada vez más desigual.
Lo más llamativo es que el Estado prácticamente reconoce su fracaso sin decirlo directamente. Porque si las mipymes privadas pueden importar y vender gas desde Estados Unidos, entonces queda claro que el problema nunca fue únicamente el embargo. El verdadero desastre está en la incapacidad interna, el descontrol financiero y el colapso del modelo estatal cubano.
Mientras tanto, miles de familias siguen haciendo colas eternas, cocinando a oscuras o esperando un suministro que nunca llega.
Pero eso sí… si tienes dólares, milagrosamente aparece el gas.

