El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla salió este martes a intentar desmontar las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio sobre una supuesta oferta de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria para Cuba, asegurando que todo se trata de una “fábula” y una “mentira de 100 millones”.
A través de X, el ministro de Relaciones Exteriores del régimen aseguró que en La Habana “nadie conoce” semejante propuesta y lanzó una serie de preguntas intentando desacreditar la versión estadounidense.
Rodríguez Parrilla cuestionó de dónde saldría el dinero, quién manejaría la ayuda, cómo sería distribuida y cuándo se habría realizado oficialmente la oferta. Todo en un tono que buscó proyectar incredulidad, aunque también dejó ver el evidente nerviosismo del aparato político cubano ante un tema extremadamente sensible: la posibilidad de que ayuda internacional llegue directamente al pueblo sin pasar por las manos del Estado.
La respuesta del régimen llega apenas días después de que Rubio revelara públicamente desde Roma que Washington había ofrecido cien millones de dólares en asistencia humanitaria para Cuba y que las autoridades cubanas se habrían negado a permitir su distribución.
Según explicó el secretario de Estado, el objetivo era ayudar directamente a la población cubana, cada vez más golpeada por apagones, hambre, escasez de medicinas y el colapso económico generalizado que vive la isla.
Pero aquí aparece el verdadero punto de choque.
Washington no quería entregar la ayuda al régimen. El plan consistía en canalizar la asistencia mediante la Catholic Church y Cáritas Cuba, evitando así que el aparato estatal controlara los recursos.
Y eso, para la dictadura cubana, es prácticamente una línea roja.
Durante décadas, el régimen ha utilizado la distribución de alimentos, medicinas y ayuda humanitaria como herramienta política y mecanismo de control social. Permitir que instituciones independientes entreguen asistencia directamente al pueblo rompería parte de ese monopolio.
Rubio explicó además que ya se habían distribuido varios millones de dólares mediante Cáritas tras el impacto del huracán Melissa en octubre de 2025. Esa ayuda benefició a miles de familias en provincias orientales severamente golpeadas por el ciclón.
De hecho, Cáritas Cuba informó recientemente que gran parte de esos fondos ya fueron utilizados para apoyar a comunidades afectadas en Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Granma y Guantánamo.
Pero desde La Habana la reacción ha sido completamente hostil.
El viceministro Carlos Fernández de Cossío calificó días atrás la propuesta como un “sucio negocio político” y llegó incluso a vincularla con supuestas amenazas de agresión militar contra la isla.
El discurso oficial intenta presentar cualquier ayuda estadounidense como una operación de manipulación política, aunque la realidad dentro de Cuba cuenta otra historia mucho más dura: hospitales sin insumos, apagones interminables, farmacias vacías y millones de personas sobreviviendo literalmente al día.
Mientras tanto, desde Washington la administración de Donald Trump ha seguido endureciendo la presión sobre La Habana.
En apenas meses, Estados Unidos ha impuesto cientos de sanciones, reducido drásticamente el flujo energético hacia la isla y aumentado las acciones contra empresas vinculadas al aparato militar cubano.
El Departamento de Estado intentó este martes bajar un poco la tensión afirmando que Trump no permitirá que Cuba siga deteriorándose hasta convertirse en una amenaza aún más grave para la seguridad nacional estadounidense.
Pero el régimen mantiene su narrativa de confrontación.
Rodríguez Parrilla cerró su mensaje insinuando que toda la oferta podría formar parte de un intento de “cercenar la independencia” cubana y volvió a exigir el levantamiento de las sanciones energéticas impuestas por Washington.

