El canciller Bruno Rodríguez Parrilla salió este sábado con tono burlón a responder a las declaraciones de Donald Trump sobre enviar el portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de Cuba. Su reacción, lejos de bajar la tensión, fue puro sarcasmo: “¿Qué vamos a hacer con ese pedazo de hierro?”, soltó, como quien quita importancia… o intenta hacerlo.
El comentario se dio durante un evento oficial en La Habana, donde el régimen volvió a montar su clásico show de “solidaridad”. Pero la cosa venía caliente desde el día anterior, cuando Trump pintó un escenario en el que el buque se plantaría prácticamente frente a la isla para forzar una rendición. Una imagen potente… y también bastante teatral.
Rodríguez, fiel al guion, respondió con choteo. Dijo que ese barco podría servir como carguero, tanquero… o hasta pista de baile. El problema es que mientras ellos hacen chistes, el país está en crisis total. Apagones, escasez y una economía en caída libre no se resuelven con ironías.
Eso sí, cuando le conviene, el discurso cambia. El canciller advirtió que cualquier acción militar convertiría a Cuba en “un avispero”, apelando a la narrativa de resistencia de siempre. Mucha épica, pero cero soluciones reales para el cubano de a pie.
Todo esto ocurre en medio de una nueva escalada entre Washington y La Habana. Trump firmó recientemente medidas que aprietan aún más las sanciones, incluso contra empresas extranjeras. El régimen, como de costumbre, lo llama “acto de guerra”, mientras evita hablar de su propia responsabilidad en el desastre interno.
Y aquí está el punto clave: el gobierno cubano usa estas tensiones como cortina de humo. Mientras se habla de portaaviones y amenazas, nadie dentro del poder menciona el colapso energético, la inflación ni el éxodo masivo.
El propio Rodríguez dejó claro que no piensa negociar cambios internos con Estados Unidos. Traducido al cubano de a pie: todo seguirá igual. Sin reformas, sin apertura, sin soluciones.
Por su parte, Miguel Díaz-Canel repitió el libreto de resistencia, asegurando que Cuba no se rendirá ante ningún agresor. Y desde Washington, Marco Rubio lanzó otra línea dura, afirmando que al régimen no le espera nada bueno.

