La desesperada crisis de vivienda en Cuba sigue empujando al régimen a improvisar soluciones que muchos consideran más propaganda que respuestas reales. Esta vez, las alarmas las encendió el arquitecto cubano Abel Tablada, quien advirtió que las llamadas casas contenedores impulsadas por el gobierno podrían terminar convertidas en verdaderos “hornos” bajo el clima tropical de la Isla.
El especialista visitó recientemente el asentamiento que se levanta en el antiguo paradero de ómnibus de Toledo, frente a la CUJAE, en La Habana. Allí comenzaron a instalarse los primeros módulos metálicos de un proyecto que promete unas 300 viviendas hechas con contenedores reciclados.
Según el régimen, las casas estarán destinadas inicialmente a jóvenes egresados de hogares sin amparo familiar y posteriormente a damnificados por huracanes. Pero detrás de la narrativa oficial de “modernidad” y “soluciones rápidas”, empiezan a aparecer serias preocupaciones técnicas.
Tablada explicó que el principal problema no es solamente el techo metálico expuesto al sol. También influyen las paredes laterales y la orientación de cada módulo, algo especialmente delicado en un país donde las temperaturas y la humedad convierten cualquier estructura mal ventilada en un infierno.
El arquitecto reconoció que durante la construcción se han aplicado algunas medidas para reducir el impacto térmico. Entre ellas, una doble cubierta ventilada y sistemas de aislamiento con cámaras de aire y paneles interiores de madera contrachapada.
Además, las viviendas utilizan ventilación cruzada mediante ventanas con persianas colocadas en distintos espacios. Cada módulo incluye portal, cocina-comedor, dos cuartos, baño y área de lavado.
Profesores de la CUJAE incluso realizaron mediciones térmicas antes de modificar los contenedores y planean regresar cuando las unidades estén terminadas para comprobar si realmente el aislamiento funciona. Porque una cosa es el discurso oficial y otra muy distinta sobrevivir dentro de una caja metálica en pleno agosto habanero con apagones de más de 15 horas.
Y ahí es donde muchos cubanos se preguntan lo mismo: ¿cómo piensa el régimen garantizar condiciones mínimas de habitabilidad si ni siquiera puede mantener estable el sistema eléctrico nacional?
Tablada también propuso varias mejoras para evitar que el proyecto termine siendo otro desastre urbanístico. Sugirió instalar paneles solares sobre las cubiertas para crear autosuficiencia energética, usar colores claros en las fachadas para disminuir la absorción del calor y sembrar vegetación entre los módulos para bajar la temperatura del entorno.
Porque el problema no es menor. Grandes explanadas de hormigón acumulando calor, estructuras metálicas y falta de sombra pueden disparar aún más las temperaturas interiores.
Aun así, el arquitecto reconoció que para muchas familias vulnerables estas viviendas representan una mejora importante frente al abandono total en que viven miles de personas. Pero dejó clarísimo que esto no puede venderse como una política habitacional seria.
Y razón no le falta.
Cuba arrastra una de las peores crisis de vivienda de su historia. El déficit oficial supera las 929 mil casas y más de un tercio del fondo habitacional está catalogado en estado regular o malo. Solo en La Habana colapsan cerca de mil edificaciones cada año mientras el régimen sigue gastando recursos en hoteles vacíos para el turismo político.
Aunque el gobierno anunció la transformación de más de 3,500 contenedores en todo el país, hasta abril de 2026 apenas se habían entregado 133 unidades. Una cifra ridícula frente a la magnitud del problema.
El pasado domingo, Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero participaron en la entrega simbólica de las primeras casas modulares en Nuevo Vedado, en un acto que desató fuertes críticas en redes sociales por considerarse otro espectáculo propagandístico desconectado de la realidad diaria del cubano.
Y las denuncias ya comenzaron. Vecinos de zonas como El Cerro y Guantánamo aseguran que algunas unidades presentan filtraciones, problemas eléctricos y un aislamiento térmico deficiente.

