En el oriente cubano todavía se habla de personajes que parecen sacados de una novela… pero no, eran bien reales. Uno de ellos fue Cruz Milián, un tipo que, sin estudios ni títulos, tenía un talento especial: sabía cómo sacarle dinero al que se dejara engañar.
Dicen que era “un tremendo punto”. Y no por gusto. Desde su zona en Maffo, movía todo un pequeño sistema de engaño que giraba alrededor de la superstición. Su negocio no era vender productos… era vender esperanza envuelta en mentira.
Todo empezaba con un trabajo fino. Sus ayudantes se encargaban de investigar quién en la zona creía en espíritus, tesoros escondidos o cosas del más allá. Una vez identificada la víctima, le soltaban el anzuelo: había un hombre capaz de encontrar botijas enterradas con dinero.
Ahí entraba Cruz Milián. Con discurso tranquilo y mucha seguridad, explicaba que los espíritus eran delicados, que no se podían apurar las cosas. Y mientras más paciencia tuviera el interesado… más grande sería el premio.
El cuento venía bien armado. Prometía tesoros de distintos valores, ajustados al bolsillo del cliente. Pero la realidad era otra: sus compinches ya habían enterrado vasijas llenas de tierra y caracoles. El negocio estaba listo antes de empezar.
A partir de ahí, el engaño caminaba solo. Cruz se mudaba prácticamente a casa de la víctima, comía, bebía y seguía alimentando la ilusión. Cada cierto tiempo pedía dinero extra, con la excusa de “mantener contentos a los espíritus”.
Y cuando ya la persona estaba bien metida en el juego, llegaba el gran momento: desenterrar la famosa botija. Pero ojo… no se podía abrir todavía. Según él, si no se esperaba la orden de los muertos, el dinero se convertiría en tierra. Tremenda jugada psicológica.
El resultado era siempre el mismo. Gente esperando semanas, meses… incluso años. Y lo más increíble es que muchos siguieron creyendo, incluso después de la muerte del propio Cruz Milián. Había quienes pensaban que regresaría del más allá para dar la señal final.
Historias como esta no son solo anécdotas del campo cubano. También reflejan algo más profundo: cómo la necesidad, la fe y la ingenuidad pueden ser terreno perfecto para el abuso.

