El gobernante Miguel Díaz-Canel volvió a soltar uno de esos discursos que suenan bien… pero no convencen a nadie. Frente a delegados extranjeros en La Habana, aseguró que no logra entender por qué Estados Unidos considera a Cuba una “amenaza extraordinaria e inusual”.
Según él, la respuesta podría estar en el “ejemplo” del pueblo cubano. Pero la realidad es otra cosa. Ese argumento suena más a propaganda reciclada que a explicación seria, en medio de una crisis que tiene al país contra la pared.
El discurso llega como respuesta a nuevas medidas firmadas por Donald Trump, que endurecen la presión sobre el régimen y han provocado un golpe directo al sector energético.
¿El resultado? Más apagones, más escasez y un sistema eléctrico que ya venía colapsando desde hace años.
Pero mientras Díaz-Canel juega a hacerse el sorprendido, en Washington no están improvisando. Las preocupaciones tienen base concreta. Informes señalan presencia de infraestructura de inteligencia extranjera en la isla y vínculos con actores internacionales que chocan directamente con los intereses de EE.UU.
El propio Marco Rubio lo dijo sin rodeos: Cuba ha permitido operar a aliados estratégicos de Washington dentro de su territorio. Eso no es discurso, eso es geopolítica real.
A esto se suma otro tema que el régimen evita mencionar: la represión interna. Con cientos de presos políticos y condenas largas tras el 11J, el cuento de “país pacífico” empieza a hacer agua por todos lados.
Y aquí viene la contradicción más grande. Mientras Díaz-Canel insiste en que Cuba no representa peligro, el propio aparato del Estado habla de convertir la isla en un “avispero” ante cualquier conflicto. O no son amenaza… o están listos para la guerra. Las dos cosas no cuadran.
El contexto tampoco ayuda. La tensión con Estados Unidos está en uno de sus puntos más altos en años, con sanciones más duras y amenazas que elevan la presión internacional.
Pero en lugar de asumir errores, el régimen sigue apostando por la misma fórmula de siempre: victimismo hacia afuera y control total hacia adentro.
Mientras tanto, el cubano común sigue en lo suyo: apagones de horas, comida escasa y un futuro cada vez más incierto.
Al final, la pregunta no es por qué Estados Unidos ve a Cuba como amenaza.
La pregunta real es otra: ¿hasta cuándo el régimen va a seguir fingiendo que no entiende lo que todo el mundo ya ve claro?

