El túnel de La Habana: de obra icónica a símbolo del abandono en Cuba

El famoso túnel de La Habana no siempre fue lo que es hoy, socio. Inaugurado el 31 de mayo de 1958, esta obra marcó un antes y un después al conectar la capital con las zonas al este de la bahía, facilitando el acceso a las populares playas del este en un abrir y cerrar de ojos.

En aquel momento, el gobierno de turno declaró esas tierras como zona de interés turístico, limitando la actividad comercial privada en la zona. La idea era clara: mantener el área organizada y enfocada en el desarrollo turístico. Y la jugada funcionó… al menos al inicio.

El túnel rápidamente se volvió imprescindible. Acortó distancias y dinamizó el crecimiento urbano, sobre todo tras el impulso que ya traía la Vía Blanca. Pero como todo en la vida, no era gratis. Cruzar el túnel implicaba pagar un peaje, con tarifas ajustadas según el tipo de vehículo. Desde carros ligeros hasta ómnibus, todos tenían que soltar su parte.

Para quienes lo usaban a diario, existía una opción más conveniente. Por una tarifa fija semestral, podían cruzar sin límite, algo que facilitaba la vida a residentes y trabajadores de la zona. Era un sistema práctico que respondía a la realidad de quienes dependían de esa vía.

Detrás de esta obra estuvo la empresa francesa Societé des Grands Travaux de Marseille, que en tiempo récord logró levantar una estructura impresionante. Más de 250 mil metros cúbicos de roca y 100 mil de arena fueron removidos para hacer posible esta joya de la ingeniería.

Pero como tantas cosas en Cuba, todo cambió después del 59. El nuevo gobierno eliminó el peaje y asumió el control total. Lo que pudo ser una evolución positiva terminó siendo, con el paso del tiempo, otro ejemplo del deterioro bajo la gestión estatal.

Hoy, el túnel sigue ahí, firme… pero cargando no solo carros, sino también el peso de una historia que refleja cómo una gran obra puede terminar atrapada en el abandono y la falta de mantenimiento. Porque en Cuba, incluso las maravillas terminan pagando el precio de un sistema que no logra sostenerlas.