La crisis económica en Cuba sigue mostrando su cara más absurda y humillante. Esta vez, la indignación explotó después de que el periodista cubano Alejandro Rodríguez Cuervo denunciara públicamente que en el Hotel Habana Libre le exigieron pagar un café en dólares, como si el peso cubano ya fuera papel mojado hasta en su propio país.
El presentador de Ruta10Oficial, conocido además por su trabajo en el programa Aló Cubano y como periodista deportivo en Canal Caribe, contó en Facebook que al llegar al lobby del hotel le informaron, con total normalidad, que el café ahora se paga en moneda estadounidense debido a una supuesta “reestructuración de precios”.
La reacción del comunicador no tardó en conectar con el sentir de miles de cubanos que viven atrapados entre salarios miserables y precios cada vez más imposibles. “¿Quién orientó esta locura?”, cuestionó en esencia el periodista, dejando caer una verdad que ya tiene al pueblo cansado: los cubanos están siendo expulsados poco a poco de los espacios turísticos de su propio país.
Y remató con una frase que se volvió viral en redes: “El Habana Libre, de libre no tiene ni el nombre”. Un golpe directo a la ironía de un sistema que se llena la boca hablando de soberanía mientras obliga a su gente a sobrevivir con monedas que no sirven ni para tomarse un café.
Lo más fuerte es que el caso no parece aislado. Tras la publicación comenzaron a aparecer decenas de testimonios similares desde otros hoteles del país. Usuarios denunciaron cobros exclusivos en dólares en instalaciones como el Copacabana, el Capri, el Meliá Habana e incluso el Hotel Pinar del Río.
Uno de los comentarios más indignantes relató cómo a un padre le cobraron un dólar por un simple vaso de agua para su hija. Otro aseguró que quedó prácticamente “retenido” en una barra porque ya se había tomado el café y no tenía dólares para pagarlo. Así mismo, socio… surrealista, pero bien cubano en estos tiempos de desastre.
Muchos coinciden en que el régimen está retomando, disfrazado y poco a poco, aquel viejo modelo donde los cubanos eran tratados como extranjeros en su propia tierra. “Es una manera elegante de decirnos otra vez que no pertenecemos a las instalaciones turísticas”, comentó un usuario, reflejando el enorme malestar popular.
La dolarización del turismo en Cuba viene creciendo desde mediados de 2025, especialmente en hoteles vinculados al conglomerado militar GAESA y al Grupo Gaviota. Desde entonces, numerosos establecimientos comenzaron a exigir pagos exclusivamente en efectivo en dólares o mediante tarjetas internacionales, dejando fuera tanto el peso cubano como el famoso MLC, otra moneda inventada por el régimen que terminó hundida en el descrédito.
En febrero de este año, la dictadura dio otro paso más con nuevas regulaciones para controlar el flujo de divisas a través del Banco Central de Cuba, reforzando todavía más una economía diseñada para recaudar dólares mientras el pueblo apenas sobrevive.
Y ahí está el gran problema. El cubano de a pie no cobra en dólares. El salario mínimo ronda los 2,100 pesos cubanos, que al cambio informal equivalen apenas a unos pocos dólares miserables. Incluso trabajadores con salarios “promedio” apenas logran reunir el equivalente a diez o doce dólares mensuales.
Mientras tanto, los precios en hoteles y servicios turísticos parecen pensados para millonarios extranjeros. Hace apenas unas semanas, el Hotel Iberostar Parque Central cobraba alrededor de 10,000 pesos solo por entrar a la piscina. Sí, casi cinco salarios mínimos por darse un chapuzón.
Rodríguez Cuervo reconoció que esta práctica aparece “de forma cíclica”, y muchos cubanos recordaron rápidamente los años en que directamente se les prohibía entrar a determinados hoteles si no eran turistas extranjeros.
Otros apuntaron directamente hacia el primer ministro Manuel Marrero Cruz y la política de “dolarización parcial” que el régimen impulsa desesperadamente para captar moneda dura mientras la economía nacional se desploma.
Pero quizás uno de los comentarios más duros fue el de quienes temen represalias contra el propio periodista por haberse atrevido a denunciar la situación públicamente. Porque en Cuba, decir la verdad casi siempre tiene precio. Y en muchos casos, bastante caro.

