José Luis Pérez Balart, antiguo miembro del cuerpo de escoltas personales de Fidel Castro y combatiente vinculado al Ministerio del Interior, llegó este jueves a Matanzas como parte de una extensa caminata organizada en homenaje al centenario del nacimiento del fallecido líder del régimen cubano.
El hombre, originario de Santiago de Cuba y con 64 años de edad, emprendió el recorrido el pasado 10 de abril desde la Granjita Siboney y el cementerio de Santa Ifigenia, dos lugares convertidos por el castrismo en símbolos permanentes de culto político.
La travesía, presentada oficialmente como una “hazaña personal”, sigue la llamada “Ruta de Fidel a Martí y de Martí a Maceo”, una mezcla de narrativa revolucionaria y propaganda histórica con la que el régimen intenta conectar la figura de Fidel Castro con héroes de la independencia cubana como Antonio Maceo y Máximo Gómez.
El recorrido terminará en Mantua, Pinar del Río, exactamente donde culminó la histórica invasión mambisa de Oriente a Occidente. Después, Pérez Balart continuará hasta el Cabo de San Antonio, el extremo más occidental de la isla.
Durante su paso por Matanzas, el exescolta fue recibido con honores en el Museo Cuartel de Bomberos por miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, reservistas y figuras vinculadas al aparato militar y de seguridad del Estado.
Toda la escena dejó claro que esto no tiene nada de espontáneo.
Aunque la prensa oficial intenta vender la caminata como un acto patriótico y sentimental, el perfil de Pérez Balart refleja otra realidad mucho más política. No se trata de un ciudadano cualquiera caminando por nostalgia revolucionaria. Estamos hablando de un hombre formado dentro de las estructuras más sensibles del poder cubano.
Además de haber integrado el círculo de seguridad de Fidel Castro, participó en misiones militaristas en África, trabajó en áreas estratégicas del turismo controlado por el Estado y actualmente es profesor en la Academia de Estudios Superiores del MININT, una de las instituciones ligadas al aparato represivo cubano.
La cobertura masiva que medios estatales como Prensa Latina y TV Santiago le han dado a la caminata confirma que el recorrido forma parte de la maquinaria propagandística desplegada por el régimen para convertir 2026 en un año de exaltación total a la figura de Fidel Castro.
Y mientras el país se cae a pedazos, la dictadura sigue invirtiendo tiempo, recursos y propaganda en alimentar el culto político alrededor del fallecido gobernante.
La campaña oficial por el centenario incluye desde caravanas juveniles y actos políticos hasta la publicación de 23 tomos de “Obras Escogidas” de Fidel. También preparan un coloquio internacional titulado “Fidel: legado y futuro”, previsto para agosto en La Habana.
Todo esto ocurre mientras millones de cubanos sobreviven entre apagones interminables, hospitales destruidos, inflación salvaje y una emigración masiva que ya vació barrios enteros de jóvenes.
Pero nada de eso parece importar demasiado dentro del discurso oficial.
En lugar de hablar de soluciones reales para la crisis, el régimen continúa movilizando estudiantes, trabajadores y militantes en actividades ideológicas destinadas a reforzar la narrativa revolucionaria. Incluso la campaña “Mi Firma por la Patria”, promovida por el gobierno y supuestamente respaldada por millones de firmas, ha sido denunciada por activistas como un proceso lleno de presión y coerción política.
La obsesión del castrismo con mantener viva la imagen de Fidel quedó resumida recientemente por Miguel Díaz-Canel durante una reunión del Comité Central del Partido Comunista.
“No se trata de recordarlo, se trata de traerlo a este momento”, dijo Díaz-Canel.
Y quizás ahí está precisamente el problema de fondo.
Porque mientras el mundo avanza y Cuba se hunde en una de las peores crisis de su historia moderna, el régimen sigue atrapado mirando hacia atrás, reciclando consignas, reviviendo fantasmas políticos y usando la propaganda como si todavía pudiera tapar la realidad que vive el pueblo cubano todos los días.

