José Daniel Ferrer volvió a encender el debate político con un mensaje directo y sin filtros publicado en redes sociales. El líder de la UNPACU aseguró que Donald Trump y Marco Rubio representan hoy “la principal esperanza” para un pueblo cubano que, según él, sigue atrapado bajo un sistema opresivo.
El pronunciamiento llegó tras un nuevo intento de atentado contra el mandatario estadounidense, hecho que Ferrer interpretó desde una visión espiritual. Según expresó, la supervivencia de Trump no fue casualidad, sino una señal divina, dejando claro que mezcla fe y política en su lectura del momento actual.
En su mensaje, titulado Salvar a Cuba, el opositor trazó una comparación fuerte: describió la realidad cubana como una especie de esclavitud moderna, evocando incluso pasajes bíblicos. No se guardó nada al calificar al régimen de “inhumano”, y denunció que los presos políticos viven en condiciones extremas que, según él, recuerdan escenarios históricos muy oscuros.
Desde Miami, donde reside tras su salida de la Isla en 2025, Ferrer insistió en que la libertad no caerá del cielo ni dependerá únicamente de actores externos. Aunque reconoce el peso de Washington, lanzó una advertencia clara: los cubanos tienen que hacer su parte.
“Tenemos aliados, pero no podemos quedarnos esperando”, vino a decir entre líneas. Y ahí soltó una de las críticas más punzantes: el problema no es solo el poder en La Habana, sino también la desunión, la apatía y el famoso ‘sálvese quien pueda’ que tanto daño ha hecho dentro de la propia sociedad cubana.
El discurso marca un regreso a su postura más firme de respaldo a la línea Trump-Rubio, luego de momentos en que había pedido no depender completamente de Estados Unidos. Ahora, el tono es otro: más directo, más confiado… y también más polémico.
Ferrer cerró con un llamado que mezcla convicción política y fe religiosa: cree que Cuba tiene la oportunidad de cambiar, pero solo si hay unidad, disciplina y decisión real de enfrentar al sistema.
En medio de la crisis total que vive la Isla, sus palabras vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿el cambio vendrá desde dentro… o terminará dependiendo de fuerzas externas?

