La Habana sin apagones… mientras el resto de Cuba vive en tinieblas

Cuba volvió a enfrentar otro golpe duro en su ya colapsado sistema eléctrico. Este jueves, la afectación superó lo previsto y alcanzó los 1,333 MW en pleno horario pico, dejando claro que el desastre energético no da tregua. Pero mientras medio país vive entre apagones interminables, La Habana lleva cinco días seguidos sin cortes. Sí, como lo oyes… la luz no se va para todos por igual.

La propia Unión Eléctrica admitió que el problema se agravó por fallas técnicas y la salida de varias unidades clave. El resultado fue brutal: casi 18 horas de apagones en distintas zonas del país, una realidad que ya es rutina para millones de cubanos.

Y lo que viene no pinta mejor. Para el horario nocturno, el déficit supera los mil megawatts, lo que se traduce en más apagones y más desesperación. Mientras tanto, las termoeléctricas siguen cayéndose a pedazos, con múltiples unidades fuera de servicio o en mantenimiento.

El régimen intenta vender los parques solares como solución, pero la verdad es otra: generan solo durante el día y no tienen cómo sostener la demanda en la noche, que es cuando más falta hace la electricidad. O sea, otro parche más.

Ahora, el detalle que más molesta en la calle: ¿por qué La Habana sí y el resto no? La respuesta tiene nombre y apellido: el petróleo ruso. Un cargamento reciente permitió mantener encendida la capital, mientras las provincias siguen apagadas. Pero ni eso alcanza. El propio Miguel Díaz-Canel reconoció que ese combustible apenas cubre unos días.

En buen cubano: pan para hoy, hambre para mañana.

Mientras en La Habana la gente respira un poco, en lugares como Holguín, Granma o Santiago los apagones llegan hasta 24 horas. En algunos municipios, la electricidad es casi un lujo. Y claro, la indignación no se ha hecho esperar. Muchos se preguntan por qué hay cubanos de primera y de segunda dentro del mismo país.

El régimen, como siempre, intenta echarle la culpa a factores externos. Pero la realidad es que el sistema está roto desde dentro. Dependencia total, mala gestión y décadas de abandono han llevado a este punto.

Y aunque viene otro barco con combustible en camino, la cuenta no da. Cuba necesita varios cargamentos al mes… y apenas recibe uno de vez en cuando.