En la madrugada de este 3 de mayo, cuando medio país estaba durmiendo, un accidente masivo sacudió la Autopista Nacional a la altura de Aguada de Pasajeros, en Cienfuegos. Eran alrededor de las 2:40 a.m. cuando un ómnibus de la marca Yutong, que viajaba desde La Habana rumbo a Guantánamo con cerca de 48 pasajeros, terminó envuelto en un siniestro entre los kilómetros 172 y 176, en la zona conocida como Puente de las Cajas.
Desde los primeros minutos, se activaron los llamados protocolos de emergencia. Los lesionados comenzaron a llegar al policlínico de Aguada de Pasajeros, mientras otros eran trasladados al Hospital General Gustavo Aldereguía Lima. Como siempre, no faltaron las “autoridades presentes”, pero lo que sí falta —y desde hace rato— son condiciones reales para evitar este tipo de tragedias.
Entre los afectados hay menores de edad, incluyendo bebés. Ocho pacientes pediátricos fueron atendidos inicialmente, y varios de ellos trasladados al Hospital Pediátrico Paquito González Cueto. Según el director del centro, Ián González Ramos, al menos siete pacientes permanecen hospitalizados en condición estable, uno de ellos en cuidados intensivos, aunque fuera de peligro.
Los reportes médicos indican que los lactantes presentan traumatismos, al igual que otros lesionados. Se espera evolución favorable en las próximas horas, aunque dos casos serán enviados a Villa Clara para estudios más complejos, incluyendo tomografía, algo que —como es costumbre en Cuba— no siempre está disponible donde se necesita.
Y aquí es donde viene la parte que no te cuentan claro: este tipo de accidentes no son casualidad. Carreteras en mal estado, vehículos explotados hasta el cansancio, falta de mantenimiento y un sistema que reacciona después del desastre, pero nunca antes.
Mientras las ambulancias corrían y los hospitales improvisaban como podían, la historia se repite. Otra madrugada marcada por el caos, otro episodio donde el cubano de a pie paga las consecuencias de un sistema que no funciona.

