El Partido Comunista de Cuba salió este sábado con pecho inflado en redes sociales, lanzando un mensaje de desafío frente a las declaraciones de Donald Trump. “En Cuba no habrá rendición”, repitieron, apelando a las clásicas consignas de soberanía y dignidad que el régimen recicla cada vez que aprieta la cosa.
El mensaje, acompañado de etiquetas como #LaPatriaSeDefiende, vino adornado con imágenes de supuestos actos de solidaridad internacional. Banderas, pancartas y consignas que intentan proyectar fuerza… aunque puertas adentro la historia sea otra bien distinta.
Todo esto surge después de que Trump soltara una de sus amenazas explosivas, hablando incluso de acercar un portaviones a las costas cubanas como medida de presión. Un discurso que sube la tensión, pero que también le cae como anillo al dedo al régimen para reactivar su narrativa de “plaza sitiada”.
Pero más allá del show político, lo que queda claro es el contraste brutal. Mientras el poder habla de resistencia heroica, el país sigue hundido en una crisis energética sin precedentes, con apagones interminables y una economía que no levanta cabeza. Esa es la Cuba real que no sale en los tweets oficiales.
Díaz-Canel, fiel al libreto, respondió atacando a Estados Unidos con calificativos fuertes, hablando de “bloqueo genocida” y “agresión”. El canciller Bruno Rodríguez se sumó al coro, denunciando un supuesto castigo ilegal. Mucho discurso, pero ninguna autocrítica sobre el desastre interno que vive la Isla.
El tema de las sanciones tampoco es menor. Washington ha endurecido su política, afectando seriamente el flujo de combustible hacia Cuba. El golpe ha sido duro, sí… pero también ha dejado al descubierto la fragilidad total de un sistema incapaz de sostenerse sin muletas externas.
En medio de todo eso, el régimen sigue apostando por sus campañas simbólicas, como “Mi firma por la Patria”, con millones de firmas que intentan mostrar respaldo popular. Pero la pregunta en la calle es otra: ¿cuánto de eso es real y cuánto es presión disfrazada de apoyo?

