Manuel Marrero presume de que el régimen ha «resistido» la presión de la Administración Trump…. pero ¿a costa del sufrimiento del pueblo?

El primer ministro cubano Manuel Marrero Cruz volvió a salir en defensa del relato oficial del régimen este martes, compartiendo en redes sociales un artículo publicado por Granma donde el castrismo intenta vender la idea de que ha logrado “resistir” la presión de la administración de Donald Trump.

El texto fue escrito por Raúl Antonio Capote, uno de los personajes más polémicos vinculados históricamente a la Seguridad del Estado cubana. Bajo el título “Una Orden Ejecutiva que viola el derecho internacional”, el artículo repite el discurso clásico del régimen: culpar a Washington de todos los males mientras evita mencionar el desastre económico, político y social provocado por décadas de control absoluto, represión y corrupción interna.

Según Capote, las recientes sanciones de Estados Unidos no responderían a amenazas reales, sino al fracaso de Washington en su intento de “doblegar” al sistema cubano. El exagente insiste además en que las medidas estadounidenses carecen de pruebas y asegura que “la verdad de Cuba” estaría respaldada por el derecho internacional.

Pero detrás de ese lenguaje lleno de consignas viejas hay un detalle que no pasó desapercibido para muchos cubanos: quien firma el texto no es precisamente un analista independiente.

Capote fue revelado públicamente en 2011 como agente infiltrado de la contrainteligencia cubana bajo los alias “Daniel” y “Pablo”. Durante años trabajó infiltrando bibliotecas independientes y grupos opositores por órdenes directas del aparato represivo del MININT. Aquellas operaciones terminaron con activistas perseguidos, encarcelados y hasta con confiscaciones de libros.

Desde entonces, el régimen lo ha reciclado como una especie de “intelectual oficialista” utilizado frecuentemente por Granma para atacar a opositores, justificar la represión y repetir la narrativa antiestadounidense que ya casi nadie dentro de Cuba se cree.

La publicación llega además en un momento particularmente delicado para La Habana. Apenas horas antes, Trump había afirmado en Truth Social que “Cuba pide ayuda” y dejó abierta la posibilidad de futuras conversaciones, justo antes de partir hacia China.

Mientras el régimen intenta proyectar una imagen de fortaleza y resistencia, la realidad dentro de la isla cuenta otra historia mucho más cruda.

Cuba atraviesa apagones de hasta 25 horas diarias en varias provincias, una crisis energética devastadora y una economía prácticamente en caída libre. Las proyecciones internacionales apuntan a una fuerte contracción económica para 2026 mientras la inflación, la escasez y el éxodo masivo siguen golpeando al país.

Desde enero, la administración Trump ha endurecido significativamente las sanciones contra el régimen cubano. Entre las medidas más fuertes aparecen restricciones financieras, presiones sobre bancos extranjeros y sanciones dirigidas contra GAESA, el conglomerado militar que controla buena parte de la economía nacional y que durante años ha funcionado como el verdadero corazón financiero del poder en Cuba.

El secretario de Estado Marco Rubio también anunció recientemente nuevas acciones dirigidas contra estructuras económicas vinculadas al aparato militar cubano, aumentando todavía más la presión sobre la cúpula gobernante.

Y mientras el pueblo sigue sobreviviendo entre apagones, hambre y salarios pulverizados, el régimen continúa negándose a discutir temas clave como la liberación de presos políticos.

Washington había puesto sobre la mesa propuestas que incluían ayuda humanitaria, asistencia agrícola y hasta acceso gratuito a Starlink durante dos años a cambio de ciertas reformas políticas básicas. Pero La Habana volvió a responder con cerrazón total.

La frase de Miguel Díaz-Canel resume perfectamente la postura oficial: “Los presos políticos no están en la mesa de negociación”.

Y ahí está precisamente el núcleo del problema. Mientras el castrismo sigue atrapado en discursos de “resistencia heroica”, el país real se cae a pedazos. Porque una cosa es la propaganda que publican en Granma… y otra muy distinta es la Cuba oscura, vacía y desesperada que viven millones de cubanos todos los días, asere.