Manuel Marrero vende la movilización del 1ro de Mayo como una «respuesta contundente» a las amenazas de Donald Trump

El primer ministro Manuel Marrero Cruz salió este sábado a sacar pecho en redes, presentando la movilización del 1 de Mayo como una supuesta respuesta “contundente” del régimen ante las nuevas sanciones de Estados Unidos. Según su versión, más de medio millón de habaneros y millones de firmas respaldaron la jornada. Suena bonito… pero la realidad pinta otra cosa.

El mensaje llega justo después de que Donald Trump firmara nuevas medidas que aprietan aún más el cerco sobre sectores clave del sistema cubano. A eso se sumaron amenazas directas, incluyendo el posible envío del portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de la isla. Un escenario que elevó la tensión, pero que también sirvió al régimen como combustible perfecto para su narrativa.

Desde La Habana, la respuesta fue la de siempre: marchar, gritar consignas y vender unidad, aunque por debajo corra otra historia. Este año, el acto principal ni siquiera se hizo en la Plaza de la Revolución. Fue movido a la Tribuna Antiimperialista, frente a la embajada estadounidense, con la excusa de la “austeridad”. Pero muchos lo leyeron claro: menos recursos, menos gente… y más necesidad de aparentar fuerza.

Mientras el discurso oficial habla de multitudes, reportes independientes cuentan otra película. Baja asistencia real, presión en centros de trabajo y estudiantes sacados de las aulas para llenar espacios. Lo de siempre: cuando el entusiasmo no alcanza, entra la obligación.

En medio del acto, se entregó el famoso libro de la campaña “Mi Firma por la Patria”, con más de seis millones de rúbricas según cifras oficiales. Un número que muchos cuestionan, sobre todo después de denuncias de firmas inventadas y presiones directas para cumplir cuotas.

Y mientras arriba se celebra, abajo la cosa está dura. Apagones de más de 20 horas, escasez por todos lados y una economía en caída libre. La narrativa de “defender la patria” choca de frente con la realidad de un país que apenas aguanta el día a día.

El propio Marrero ya venía calentando motores semanas antes, tirando un discurso casi bélico para movilizar a la gente. Pero cuando hay que recurrir a eso, el mensaje queda claro: no es apoyo genuino, es control disfrazado de unidad.