El nuevo Programa Económico y Social del Gobierno 2026, presentado este sábado durante una sesión del Consejo de Ministros encabezada por Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero Cruz, terminó provocando exactamente la reacción que el régimen menos quería: una avalancha de escepticismo, críticas y cansancio incluso entre usuarios habituales de la página oficialista Cubadebate.
Porque ya ni la propia audiencia oficial parece tragarse los discursos.
Lejos de generar esperanza, el anuncio fue recibido como otro paquete vacío de promesas, cronogramas y palabras recicladas en medio de una Cuba donde la inflación sigue disparada, los apagones no dan tregua y sobrevivir se ha convertido en una pelea diaria para millones de personas.
Uno de los comentarios que más resumió el sentimiento general fue el de un usuario que preguntó directamente cuáles eran realmente esas “grandes metas” de las que hablaba el gobierno, porque —según dijo— con tanta consigna ya nadie entiende nada.
Y la verdad es que muchísimos cubanos sienten exactamente eso.
El discurso oficial parece vivir en un país paralelo donde todo son “estrategias”, “planes”, “proyecciones” y “objetivos”, mientras en la calle la gente sigue sin corriente, sin comida y sin dinero para llegar a fin de mes.
Lo más llamativo es que esta vez el propio régimen terminó admitiendo parcialmente el fracaso. Durante la reunión, el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga reconoció públicamente que “los métodos tradicionales no están dando resultados”.
Una confesión brutal viniendo de un sistema que durante décadas vendió esas mismas fórmulas como la única vía posible para el país.
Pero para muchísimos cubanos, esa admisión llega demasiado tarde.
En los comentarios de Cubadebate, la gente reaccionó con una mezcla de sarcasmo, agotamiento y frustración acumulada. Algunos recordaron que en los últimos años el régimen ha lanzado “reordenamientos”, “lineamientos”, “actualizaciones”, “rectificaciones” y otros inventos burocráticos que terminaron empeorando todavía más la crisis.
“Otro programa más”, escribió un usuario cansado de escuchar siempre las mismas promesas mientras la situación sigue deteriorándose.
Otros cuestionaron incluso cómo es posible que el gobierno apruebe un programa económico para 2026 cuando ya prácticamente el año está corriendo. Varios comentarios señalaron que el país parece funcionar completamente improvisado, sin planificación real y reaccionando tarde a todos los problemas.
Y claro, tampoco faltaron las críticas directas al modelo económico socialista.
Algunos usuarios pidieron abandonar de una vez el excesivo control estatal y dar más libertades económicas reales, mencionando incluso ejemplos como China y Vietnam, países comunistas que hace tiempo entendieron que el control absoluto de la economía solo conduce al estancamiento.
Pero en Cuba, el régimen sigue atrapado entre reconocer el fracaso… y negarse a desmontar el sistema que lo provocó.
Las críticas más duras estuvieron relacionadas con la vida cotidiana del pueblo. Muchos recordaron que mientras los dirigentes hablan de “programas” y “sabiduría popular”, la gente sigue enfrentando apagones eternos, falta de agua, escasez de gas para cocinar y hospitales sin medicamentos.
Y ahí es donde el discurso oficial se derrumba solo.
Porque ya no basta con anunciar nuevos planes.
La credibilidad del régimen está completamente destruida.
Incluso algunos comentarios reflejaron un desencanto ideológico profundo. Un usuario aseguró abiertamente que la empresa estatal socialista simplemente no funciona y afirmó que la mayoría de la población ya no cree en esa solución.
Hace apenas unos años, escribir algo así en un espacio oficialista habría sido impensable.
Pero la desesperación económica está rompiendo incluso los filtros del miedo y de la propaganda.
Mientras tanto, el propio gobierno confirmó durante la reunión que la inflación interanual sigue creciendo y alcanzó más del 13 % en marzo. Los precios agropecuarios también se dispararon casi un 32 %, golpeando especialmente a quienes viven de salarios estatales destruidos por la devaluación y la escasez.
Además, el régimen reconoció incumplimientos en inversiones por falta de combustible, cemento, acero y financiamiento. O sea, prácticamente admitieron que el país está funcionando sin recursos básicos para sostener siquiera la infraestructura mínima.
Y aun así, siguen lanzando “programas”.
Por eso cada vez más cubanos reaccionan con cansancio cuando escuchan nuevas promesas oficiales.
Porque después de décadas de planes incumplidos, discursos reciclados y reformas fallidas, mucha gente ya no espera soluciones del sistema.
Solo espera sobrevivirlo.

