Una anciana identificada como Luci vive sus últimos días en condiciones infrahumanas dentro de una vivienda en el reparto Los Ángeles, en San Miguel del Padrón, La Habana, mientras las instituciones del régimen cubano conocen perfectamente su situación y continúan sin ofrecer una solución real.
La denuncia salió a la luz gracias a un video publicado en Facebook por su vecino, Alfonso Vera, quien decidió mostrar públicamente el drama que ocurre detrás de las paredes de una humilde casa ubicada en la calle C número 17,115, interior, en la zona de Virgen del Camino.
Las imágenes son devastadoras. Luci aparece acostada, quejándose de dolores intensos, rodeada de suciedad y viviendo en medio de una infestación de chinches. Sus pies muestran un deterioro alarmante y el ambiente refleja el abandono absoluto que sufren hoy miles de ancianos en Cuba.
“Esto no es un montaje”, dice Vera en el video con evidente frustración. “Todo el mundo sabe lo que está pasando aquí y nadie hace nada”.
La frase golpea duro porque resume perfectamente el nivel de indiferencia institucional que rodea el caso. Según el vecino, las autoridades conocen desde hace tiempo la situación de Luci, pero las visitas, promesas y supuestas gestiones no han cambiado absolutamente nada.
“Discretamente, se va a morir aquí”, advierte Vera mientras muestra las condiciones de la vivienda.
La propia anciana toma la palabra en un momento del video y describe su realidad con una mezcla de resignación y dolor que parte el alma. “Yo estoy tranquila, el problema son los dolores”, comenta. Luego añade otra frase todavía más dura: “La policía no viene a buscarme”.
Cuando el vecino le pregunta si tiene alguien que pueda ayudarla, Luci responde apenas con tres palabras: “Nadie mío, nadie”.
Y ahí está uno de los rostros más crueles del colapso social cubano. Ancianos completamente solos, abandonados y sobreviviendo como pueden en medio de un sistema que durante décadas se vendió al mundo como ejemplo de “justicia social”.
Según explicó Alfonso Vera, personal médico del policlínico Wilfredo Pérez ya había visitado la vivienda. También trabajadores sociales y representantes de otras instituciones vinculadas al bienestar social. Pero todo quedó en papeles, anotaciones y promesas vacías.
“Unos dicen una cosa y otros dicen otra”, lamentó el vecino, denunciando la cadena interminable de burocracia e inacción mientras la salud de la anciana empeora día tras día.
Desesperado, Vera incluso publicó su número telefónico en redes sociales buscando ayuda ciudadana, porque claramente ya perdió toda esperanza en las instituciones estatales.
El caso de Luci no es un episodio aislado. Es apenas otra muestra del desastre humano que atraviesa Cuba mientras el régimen sigue gastando recursos en propaganda política y control ideológico.
La isla se ha convertido en el país más envejecido de América Latina. Más de una cuarta parte de la población supera ya los 60 años y miles de adultos mayores quedaron prácticamente abandonados después de la emigración masiva de jóvenes ocurrida en los últimos años.
Desde 2019, más de un millón de cubanos han abandonado el país, dejando detrás padres, abuelos y familiares sin apoyo ni recursos para sobrevivir.
Las pensiones actuales son miserables. Muchos jubilados reciben menos de lo que cuesta alimentarse durante una semana. Medicamentos inexistentes, hospitales colapsados, falta de comida y una inflación salvaje completan el escenario.
El propio Ministerio de Trabajo y Seguridad Social reconoció recientemente que no existen recursos suficientes para atender a las personas vulnerables. Una confesión brutal que, en la práctica, significa condenar a miles de ancianos a vivir —y muchas veces morir— en el abandono.

