La Unión Eléctrica anunció este sábado que la termoeléctrica Antonio Guiteras logró volver a sincronizarse al Sistema Eléctrico Nacional después de cuatro días fuera de servicio. La noticia fue presentada casi como una victoria épica por los medios oficiales, pero la realidad en la calle sigue siendo la misma: apagones interminables, déficit brutal de generación y millones de cubanos viviendo a oscuras.
La Guiteras había salido nuevamente del sistema el pasado martes debido a otra avería en la caldera, la octava falla que sufre la planta solamente en lo que va de 2026. Sí, ocho veces en apenas unos meses. Una cifra que resume perfectamente el estado ruinoso de la infraestructura energética cubana.
El director de la planta, Román Pérez Castañeda, aseguró que fueron necesarias unas 300 acciones correctivas para lograr arrancarla otra vez. Mientras tanto, desde días antes los directivos ya venían prometiendo que la termoeléctrica estaría funcionando antes del Día de las Madres y aportando más de 200 megavatios al sistema.
La promesa finalmente se cumplió, pero el problema es que esos 200 MW apenas sirven como un curita sobre una hemorragia gigantesca.
Porque aunque la Guiteras regresó al sistema, el panorama eléctrico del país sigue siendo desastroso. Según los propios datos de la UNE, este sábado la disponibilidad apenas rondaba los 1,390 MW frente a una demanda cercana a los 2,800 MW desde horas tempranas de la mañana.
Y lo peor llega por la noche.
Para el pico nocturno, las autoridades calculan una demanda superior a los 3,300 MW mientras la generación disponible apenas alcanzaría 1,590 MW, incluyendo el aporte de la Guiteras. Resultado: un déficit monstruoso de más de 1,700 MW y apagones que seguirán castigando prácticamente a toda Cuba.
O sea, el régimen celebra la reparación de una planta mientras el sistema completo continúa al borde del colapso total.
La jornada del viernes fue una de las peores de la semana. La afectación nacional rozó los 1,922 MW luego de otra salida imprevista en la termoeléctrica Renté. Y mientras unas unidades intentan arrancar, otras siguen rotas o paralizadas por mantenimiento.
Varias plantas importantes permanecen fuera de servicio entre averías técnicas y falta de capacidad operativa, dejando claro que el problema ya no es puntual ni temporal: el sistema energético cubano está literalmente destruido.
La ironía más amarga se vivió en Matanzas, precisamente la provincia donde se encuentra la Guiteras. Allí los apagones superaron las 40 horas continuas esta semana, según reconocieron autoridades locales. Sí, más de un día entero sin electricidad mientras desde La Habana siguen hablando de “estabilización”.
Y detrás de todo esto está la raíz del desastre: la falta de combustible.
Cuba necesita diariamente entre 90 mil y 110 mil barriles de petróleo para sostener el país, pero apenas produce unos 40 mil internamente. El resto depende completamente de importaciones extranjeras, principalmente de aliados políticos que también enfrentan sus propias crisis.
El único alivio significativo que recibió la isla este año fue el petróleo enviado por Rusia a bordo del tanquero Anatoli Kolodkin. Pero esas reservas ya prácticamente desaparecieron.
Otro barco ruso, el Universal, sigue navegando sin destino claro debido a la presión de las sanciones estadounidenses, mientras el régimen cubano continúa sin saber de dónde sacará combustible suficiente para las próximas semanas.
Y el propio Miguel Díaz-Canel terminó reconociéndolo hace unos días cuando admitió públicamente que el petróleo ruso “se agota ya” y que ni siquiera saben cuándo volverá a entrar combustible a Cuba.
Una confesión brutal que desmonta completamente el discurso triunfalista de la propaganda oficial.

