jueves, enero 27, 2022
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Francisco Javier sueña con convertirse en una estrella de ballet, pero no tiene dinero ni para las zapatillas

Cada vez que el joven cubano Francisco Javier Cubero, “Franco”, regresa a su beca en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, de Camagüey desde su natal Santa Clara, trata de llevar de todo.

En una beca nadie sabe lo que va a necesitar y Franco, que sueña con convertirse en una estrella de ballet es bien precavido.

Comida de refuerzo, ventilador, cubo, aseo, todo es necesario. Bien lo sabe Franco, quien comenzó su idilio con el ballet a los 11 años cuando observó en el televisor El Lago de los Cisnes.

Desde entonces decidió que quería dedicar su vida al ballet. Matriculó en la escuela vocacional de Santa Clara y luego venció el pase de nivel para llegar a la Academia de Camagüey.

Aunque vive en Santa Clara, Franco estudia a 270 kilómetros de su casa, en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, de Camagüey

La Academia de las Artes Vicentina de la Torre, de Camagüey, es una de las dos escuelas que enseñan ballet clásico en Cuba y su programa es muy riguroso.

Posee buenas condiciones estructurales, pero la comida no está acorde al esfuerzo físico a que son sometidos sus estudiantes.

Los profesores, que son conscientes de la importancia de una buena alimentación para el desarrollo de los bailarines, recomiendan dietas específicas a cada uno de sus alumnos, pero queda en manos de ellos poderla llevar.

A los estudiantes no les queda más remedio que “reforzar” en las paladares de Camagüey con una completa (carne, arroz, vianda y vegetales), que es lo más barato que se consigue.

Los profesores te advierten de la dieta que debes llevar, sin embargo, tienes que resolverlo con tus propios medios

Suerte que la Academia está en el mismo centro de la ciudad de Camagüey y se resuelven alimentos y chucherías que se pueden guardar para reforzar calorías.

Sus padres también lo ayudan mucho y le hacen llegar paquetes de alimentos que no es necesario refrigerar. Para Franco es perfectamente posible pasarlo bien en la beca, aunque no se viva con “lujos”.

Como la economía familiar no es muy boyante, Franco evita ir a su casa a menudo para que sus padres no se recarguen con sus gastos y vive lo mejor que puede con el dinero que ellos pueden mandarle.

La escuela le entrega las zapatillas y el vestuario para bailar, pero cuando estos se rompen (porque no son de la mejor calidad) es necesario hacer inversiones para poder seguir adelante en el ballet, una carrera que exige sacrificios y materiales para triunfar.

Franco sabe que todo conlleva sacrificios, y que la economía familiar no es la más holgada.

A los compañeros de Franco, las zapatillas que le envían a él algunos amigos desde el extranjero, le cuestan entre 5.00 y 10.00 CUC las de hombre; las de mujer pueden llegar a alcanzar los 100.00 CUC.

Franco, casi al final de su carrera ha actuado ya con el Ballet de Camagüey y salido de gira con esa compañía, con la que ya ha ganado su primer salario como artista.

Es sólo el primer paso para llegar un día a donde siempre ha querido estar.


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