Hacer el amor en condiciones decentes en La Habana es un lujo caro

Redacción

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Hacer el amor en condiciones decentes en La Habana es un lujo caro

Hacer el amor en condiciones decentes se ha vuelto casi un lujo para las parejas habaneras en los últimos años. Antes de 1989, la capital cubana se encontraba abarrotada de moteles por todas partes. Eran discretos, acogedores y contaban con servicio de comestibles y bebestibles. Funcionaban las 24 horas del día y las jóvenes parejas, matrimonios de años o cualquier persona que quisiera dar rienda a sus amoríos de manera privada, podía en encontrar en estos un lugar perfecto en el que no tenían que dejarse un montón de pesos para mantener relaciones sexuales.

En los años 90 la cosa empezó a complicarse. La llegada del llamado Período Especial supuso el fin de muchas cosas, entre ellas las posadas. Lo más frecuente es que en una casa en Cuba convivan hasta tres generaciones de una misma familia. Tener una habitación individual es una comodidad que gozan pocos. Incluso, las jóvenes parejas, cuando tienen hijos, suelen dormir con ellos en la misma habitación.

Con la despenalización del dólar y el auge del trabajo por cuenta propia, proliferaron en la Isla una gran cantidad de casas de renta particulares. Son cómodas y ofrecen un sinnúmero de bondades para quienes buscan disfrutar del sexo con tranquilidad. Sin embargo, son bastante caras para el bolsillo de los cubanos que viven de su salario.

Sucede que 30 CUC (750 pesos cubanos) es el salario mínimo en Cuba. Ese tipo de casas de alquiler por horas surgieron pensando en los extranjeros. Se sabe que uno de los atractivos de la isla es el turismo sexual. Pero cubanos que trabajan en hoteles, cafés por moneda dura, o reciben remesas del exterior, con cierta frecuencia pueden acostarse en un buen colchón con su chica, mientras toman cerveza Cristal y se duchan con agua tibia después de hacer el amor.

Pregúntenle al matrimonio de Delia y José, todo lo que pasan para poder tener relaciones sexuales. De seguro les enumeraran una larga lista de calamidades.

“Ambos tenemos 35 años, cuando salimos de noche mi esposo y yo parecemos dos adolescentes. Lo mismo hacemos el amor en una escalera, que en un terreno abandonado. No tenemos otra opción. En casa dormimos en el mismo cuarto de los niños y los alquileres está muy caros para lo que ganamos. En varias ocasiones nos ha sorprendido la policía y la cara se nos ha caído de vergüenza”, cuenta Delia.

La mayoría de las parejas cubanas, sobre todo las más jóvenes, practican el sexo sin gastar un peso, en un parque bajo la luz de la luna o en la escalera de algún edificio de la ciudad. Y créanme, en La Habana se sobran sitios de este tipo…