Historias para contar… cuando La Habana cogía candela casi todos los días.

Durante el período colonial, no fueron muchos los barrios de La Habana en los que a algunas de sus viviendas no les pasó lo mismo que al cuarto de Tula: cogieron candela.

En los tiempos en que la ciudad no era mucho más que un pobre caserío levantado con tablas y guanos, los primeros incendios gozaron de lo lindo. Los pobres vecinos solían echarse arriba unos sacos en los que intentaban como locos salvar algunas de sus pertenencias.

Los incendios eran provocados en muchas ocasiones por accidentes relacionados con los mechones que se empleaban para alumbrar las casuchas. Otros, eran cortesía de los pirómanos por excelencia, los corsarios y piratas, quienes “a las menos cuarto” le daban candela a todo lo que se les antojara.

Uno de los incendios más sonados ocurrió el 25 de abril de 1802, cuando se quemó gran parte de las barriadas de Jesús María y Guadalupe. Fue tanta la candelada y, se logró salvar tan poco, que hasta el Capitán General Marqués de Someruelos fue tocando de puerta en puerta pidiendo caridad.

Casablanca, Regla, La Habana Intramuros, El Calvario y Jesús María conocieron de estas catástrofes.

Entre otras de las curiosidades en cuanto a incendios se trata, estuvo lo sucedido en 1770, cuando tuvieron que ser abrasadas por las llamas las casas del Tesoro Real para que el Gobierno se dignara a brindar los elementos necesarios para que la ciudad contara con los medios de protección en caso de incendio.

No obstante, no fue hasta 1795 que llegaron las primeras bombas de operación manual, aunque para ese entonces todavía no había bomberos. Seguían siendo los vecinos quienes debían hacer frente al incendio.

El 12 de diciembre de 1835, y por orden del Capitán General Miguel Tacón, se organizó al fin el Cuerpo de Bomberos de La Habana.

El primer cuartel de bomberos estaba en la calle de Obraría, y se llamó San Felipe. Los hombres se dividían en dos grupos. Las brigadas estaban formadas por albañiles, carpinteros, herreros y artesanos. Ya las bombas eran de vapor, pero sólo existían cuatro, que fueron bautizadas con los nombres de Virgen de Los Desamparados, España, Gamiz y Sencowiech, cada una con sus maquinistas y fogoneros.

Con la intervención norteamericana en 1902 los bomberos de la ciudad se unen en un solo cuerpo. Todos fueron voluntarios, nadie cobraba por sus servicios, se sufragaban mediante un impuesto público sobre los inmuebles. El valor demostrado era el premio gratificante y victorioso por cada fuego apagado.


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