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Vendedor de jabitas de nailon, recogedor de escombros y otros oficios en Cuba donde la pobreza obliga

Ver a hombres disfrazados de Dandy que caminan por La Habana Vieja es algo que ya no se ve como una excentricidad. Ya no, es una de las actividades que el gobierno autorizó a realizar a los cuentapropistas.

Una de las más curiosas es la de las cartománticas y las llamadas habaneras, como se ha comenzado a llamar a estas mujeres, en su mayoría negras, que en los últimos tiempos se dejan ver paseando por la zona colonial de la ciudad. Con sus atavíos vistosos, lo mismo venden flores, hacen consultas espirituales a los turistas o fuman tabaco.

Después de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, muchos de los oficios en Cuba fueron desapareciendo, dando paso a otros que surgieron a partir de la necesidad.

Uno de ellos es el de recogedor de escombros. José, de unos cincuenta años, cobra 100 pesos por cada saco de ladrillos, piedras, pedazos de madero y otros residuos de las reparaciones que se llevan a cabo en las viviendas.

“En la carretilla montó el saco y lo arrojo en el primer placer o solar yermo que me encuentro cerca. El trabajo es bastante pesado pero es un dinero seguro y rápido”, cuenta José.

Otra de las actividades que resulta bastante peculiar es la de Luisa, de 64 años, quien se dedica a limpiar arroz a domicilio.

“Por cada libra de arroz cobro 0.10 centavos en CUC. Ya tengo unos cuentos clientes fijos y a la semana me voy fácil con 100 o 200 pesos. Con ese dinerito puedo comprar algunas viandas en el mercado y hasta mi pedacito de carne de puerco”, dice Luisa.

Con la llegada de la revolución, el uso del traje, cuello y corbata comenzó a desaparecer, dando paso al estilo Mao.

Los hombres comenzaron a vestirse iguales, de algodón grueso, botas rusas y colores opacos. En ese entonces el trabajo de los sastres comenzó a mermar considerablemente.

Las modistas se transformaron en costureras remendonas y, gracias a ellas, no fueron pocos los cubanos que pudieron taparse con sábanas o toallas más o menos decentes.

Si hay un oficio en Cuba que cuenta con muchos que lo practican es el de reparador de colchones. A su vez, existen innumerables zapateros remendones, plomeros o fontaneros y electricistas particulares. No obstante, ninguno tan bien remunerado como los mecánicos de autos, quienes se encargan con su ingenio y soluciones criollas de hacer que los antiguos autos americanos se mantengan dando guerra en las calles cubanas.

Con licencia o no, es posible contratar payasos para fiestas infantiles y fotógrafos, los cuales se han vuelto todos unos expertos en la realización de montajes en Photoshop. Uno de los negocios más prósperos es el de organizar fiestas de 15 años, lo cual incluye desde el alquiler del traje hasta la edición del video de la jovencita. A diferencia de los vendedores de jabitas de nailon, rellenadores de fosforeras o vendedores de cucuruchos de maní, este negocio es un lujo en medio de un país que se encuentra sumido en la necesidad y repleto de carencias.

También están presentes los negocios dedicados a todo lo que tiene que ver con los perros y mascotas en general. Orlando, alterna el corte de cabello a las señoras en sus casas, con el cuidado de los canes.

“Cuando son chiquiticos los baño y les arreglo el pelo. En caso que la dueña quiera, les hago hasta ropita. Eso si, de los más grandes y fieros no quiero saber absolutamente nada”, cuenta Orlando.

De los perros más bravos se encargan algunos como Manuel, quien todos los meses se va con casi 2000 pesos por entrenar a pastores alemanes.

Quizás no sean los que más ingresos reciben, pero los dandy son más pintorescos. Al menos no tienes que dejarse la suela de los zapatos al caminar por toda la ciudad vendiendo maní, jabitas de nilón o periódicos.

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